Salimos del colegio unos diez
minutos después de que acabara la diversión. Alexander intentó cogerme de la
mano unas diez veces y yo lo evité otras diez. Quiso llevarme a casa e insistió
diez veces. Yo le dije que quería ir con Abigail, digamos…, diez veces. Al
final me besó y me dejó irme a duras penas a buscar a Abi. Corrí hacia su coche
rosa y me monté en el asiento de copiloto. Ella ya estaba dentro comiendo un
chupa-chups de fresa. Cindy y Melody, que estaban sentadas detrás, me saludaron
entusiasmadas. Ví que Abigail ya les había contado lo de Alexander. Abigail me
pasó un regaliz rojo y una lata de Coca-Cola. Abrí la lata y metí el regaliz
dentro. Lo utilizé como pajita para sorber la Coca-Cola.
-¿A
dónde vamos?- preguntó Cindy
-No
me apetece ir a Paolo’s- comentó Melody. Paolo’s es un restaurante italiano al
que siempre vamos. Hay unos batidos alucinantes y unas galletas riquísimas.
Todo sanísimo vamos.
-Pero
yo quiero un batido de fresa-dijo Abigail, obviamente.
-Me
quiero ir a casa chicas.- Cindy tan animada como siempre. Pero yo tengo unas
ideas arrasadoras.
-A
ver chicas, pasamos por Paolo’s y le pedimos unos batidos para llevar y después
nos vamos a casa de Cindy. Nos cambiamos y después vamos al concierto de su
hermano, ¿vale?
-Scarlet
y sus mega planes.- me aplaudió Melody.
Estos planes solían ser propios de
mi ya que nadie se acordaba nunca de que existían cosas como los batidos para
llevar de Paolo’s, las toneladas de ropa en casa de Cindy y el grupo de su
hermano gemelo Daniel.
-¡Pues
en marcha!- exclamó Abigail a la vez que daba marcha atrás para salir del sitio
en el que había aparcado.
Cuando llegamos a Paolo’s había una
cola impresionante de personas. Como si llega a estar Madonna. Nos abrimos paso
entre la gente y saludamos a Paolo. Era como un segundo padre para nosotras y
teníamos todo el derecho a ponernos las primeras.
-¡Ciao
mis niñas!- saludó.-¿Lo de siempre?
-Por
supuesto Paolo, pero para llevar. Y ponle nata a mi batido por favor.-dijo
Cindy
-¡Marchando
mis niñas!
Salimos de allí, cada una con su
batido. Abi de fresa, Cindy de chocolate, Melody de yogur y yo de menta.
Llegamos a casa de Cindy justo cuando su hermano terminaba los últimos acordes
de la canción. Estarían ensayando en el garaje mientras la novia de Daniel,
Xylianna, pintaba con rotulador negro su camiseta.
Subimos a la habitación de Cindy y
allí nos acomodamos para tomar los batidos. Una vez que estábamos instaladas,
con los planes hechos y medianamente relajadas se echaron encima de mí.
-¡Bueno
Scarlet! ¡Ya nos estás contando que narices ha pasado con Alexander! ¡No me lo
puedo creer!-gritó Cindy.
-A
ver Cindy, te relajas. Me ha invitado a comer, nos hemos besado y hemos quedado
mañana. Nada más.
-¿¡Nada
más!? El tío más bueno del hemisferio norte, y probablemente del sur, te invita
a comer, te besa ¿¡y tú dices nada más!? Yo flipo.- siguió gritando Cindy.
-Es
la reina S, ¿qué esperabas? Todo el pueblo cae rendido ante su belleza.-se rió
Abi mientras se quitaba la cazadora y la lanzaba encima de la mesa.
-Bueno,
ya vale.- dijo Melody.-No vamos a reírnos de Scarlet ahora.- Qué raro, ella
siempre solía reírse la que más cuando Abigail hacía una de estas bromas.
Quería cambiar de tema.
-¿Qué
tal las clases?-pregunté.
-Horribles-
ladró Abi.
-Geniales-
dijo Melody
-Ni
siquiera sé cuál es mi nuevo horario- se quejó Cindy.
-En
fin… No se puede hablar con vosotras chicas. Voy a saludar a Xylianna.
Salí del cuarto de Cindy y bajé las
escaleras hasta el garaje. Allí, Daniel, Lucas, Will y Diana empezaban una
nueva canción. Xylianna estaba sentada en un sillón rojo de la esquina
dibujando un gato en su camiseta blanca de tirantes.
-¡Hola
Scarlet!-me saludó Diana.
Era la cantante del grupo y una
chica guapísima. Pelo dorado y ojos tan azules que parecían violetas. Lo mejor
de todo es que era tan simpática. Salía con Lucas, el batería, que era un chico
altísimo y muy delgado. Hacían muy buena pareja.
-¡Diana!
¡Cada día estás más guapa!
-Viniendo
de ti, es todo un halago- contestó mientras sonreía con sus perfectos dientes.
Cuando Xylianna oyó mi nombre,
levantó la mirada y esbozó una media sonrisa. Xylianna es una chica muy, muy
especial. Para empezar, si le llamas Xylianna, estás muerto. Hay que llamarla
X. Tiene el pelo liso, larguísimo y casi tan negro como el coche de Alexander.
Pero lo que más me gusta de ella son sus ojos de gata. De gata literalmente
porque los tiene amarillos y con las pupilas rasgadas. Camina con la elegancia
de una gata y es tan fiera como una pantera. ¿Por qué? Porque es una Galy.
Los Galys son seres con
apariencia prácticamente humana pero con al menos una característica física e
interior animal. Xylianna es una maldita pantera, con su pelo negro y
brillante, sus ojos amarillos y su elegancia y mal humor. No me extraña nada
que Daniel esté coladito por ella porque es hechizante.
Se levantó y caminó hacia mí con
sus botines de tacón negros. Hoy iba vestida con una camiseta blanca de
tirantes llena de dibujos, unas medias de rejilla, unos shorts vaqueros y un
chaleco de pedrería. Ya estaba vestida y maquillada para el concierto.
-¡Scarlet!
Tenía unas ganas horribles de verte- exclamó mientras me abrazaba.
-Pues
imagínate yo, X. He estado todo el verano liadísima, ya sabes por qué. ¿Alguna
novedad de lo que me contaste la semana pasada?
La semana pasada me llamó a las dos
de la mañana para contarme que habían intentado matarla dos cazadores Huntex.
La Secta Huntex, por supuesto. Son unos asquerosos cazadores de Galys que no
hacen más que matar personas que no han hecho nada alegando que no son
personas. Joder, después de la Sangrienta, esta era la secta que más odiaba.
-No
creo que vuelvan a atacarme, S. Diana me ayudó a darles una pista falsa con un
hechizo de rastreo.
Bueno, una buena noticia. Ya habréis
supuesto que Diana es una Byrel. Ella y Abi se pasan la mitad del tiempo que
Abi no pasa conmigo juntas haciendo hechizos.
-Me
alegro, X.
-¿Vienes
al concierto hoy verdad?- preguntó X.
-Claro,
en cuanto termine de hablar con estas, nos cambiamos y vamos, ¿vale?
-Guay,
menos mal. Entre tanto instrumento no hay sitio para mí en la furgoneta de Will.
-Siempre
hay sitio para ti, X- dijo Daniel con una sonrisa.-Aunque yo tenga que ir
detrás de la furgo corriendo.
-Mejor
conduce que yo llevo a X.-contesté. Eran una auténtica monada estos dos.
Miré a Daniel y vi que sonreía
como un tonto. Era el vivo reflejo de Cindy. El mismo pelo pelirrojo, las
mismas pecas y la misma nariz. Alucinante. Daniel se acercó a X, le dio un beso
y volvió a coger la guitarra.
-Bueno
chicos, besos a todos, me subo con las locas. Will, Lucas, estáis estupendos.
Os veo en el concierto. Cuando se vayan subes con nosotras X, que nos iremos en
un rato, ¿vale?
-De
acuerdo S, hasta luego.-dijo mientras me guiñaba un ojo amarillo con pestañas a
rebosar de rimmel.
Subía las escaleras cuando de pronto
vi un resplandor rosa. Pero no una lucecita rosada. No, ¡una maldita explosión
de luz fucsia! Joder, ¡ya estaba Abigail haciendo de las suyas!